Enredados tres

Nunca se pagan los pecados del verdadero amor,
sino los del engaño;
los que cultivan esperanzas vacías
sobre terreno yermo.
Quienes maliciosamente sirven agua en las manos,
para que se derrame ésta entre los dedos.
Te recuerdo, adorada quimera;
que el querer de entrega es la plenitud,
cierto por transparente.
Pero si volátil y astuta,
calculando tu interés con argucias,
enfrentaste mi amor y ese otro;
enredados tres en las madejas de tus mentiras,
y fuiste inconsciente de los riesgos de ese juego,
o del desconcierto y dolor que provocarías.
Pues insensible pedazo de cielo,
que me encerraste en este infierno;
que el destino te maldiga.

Víctor Raúl Ordóñez

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